Llegó el Mundial y no hubo ley de Semillas

¿Ingenuidad? ¿Exceso de confianza? ¿O simplemente venta de humo?

En el arranque del otoño el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación aseguraba, en declaraciones periodísticas, que antes de que arrancara el Mundial la cámara de Diputados iba a tener la media sanción de la Ley de Semillas.

Si Willy Bernaudo hubiera reemplazado “semillas” por “aborto” la hubiera acertado y, por qué no, pasado como eximio futurólogo en cuestiones parlamentarias.

Lamentablemente, después de dos años y medio de gestión, una nueva ley de Semillas está más cerca de quedar como asignatura pendiente de Cambiemos que como hecho concreto. Veamos.

En los dos años de gestión del ruralista Buryaile al frente de Agroindustria no pasó nada. Ningún proyecto oficial arribó al Congreso de la Nación. En vez de eso hubo un choque frontal con Monsanto por las regalías de la tecnología Intacta.

Etchevehere en cambio era “el hombre” del Presidente Macri para Agroindustria. Por su alineamiento con el primer Mandatario debería haber impulsado la reforma de la ley desde el día 1. Sin embargo, tal vez su ADN ruralista resultó más fuerte.

Ojo, durante todo este tiempo los funcionarios se llenaron la boca de “lo importante que es el reconocimiento de la tecnología”, de “lo importante que es la innovación”, de que “la semilla es un producto de alto valor agregado”, etcétera, etcétera. Pero de los cambios, bien gracias.

Se suponía que un proyecto oficial de Agroindustria, contaría con el visto bueno de la Casa Rosada y llegaría con todo ese empuje al Congreso. Nada de eso ocurrió.

Según me decía un parlamentario, fue la Jefatura de Gabinete que les explicó que no había unanimidad en el PEN respecto de qué hacer con la cuestión y que Legal y Técnica iba a analizar los distintos anteproyectos. Claramente esto licuaba el peso -si es que lo tuviera- de Agroindustria para definir la cuestión.

Finalmente trascendió que no iba a haber proyecto oficial del PEN. Que sí había un proyecto pseudo oficial o mejor dicho “cripto-oficial”  vía Agroindustria que iba a ser presentado por los legisladores de Cambiemos. Primera debilidad. ¿No quería decir esto que no había consenso ni siquiera en el Ejecutivo para legislar en la materia? ¿No quería decir esto que le pasaban la pelota a los legisladores para hacerse cargo de algo que ellos mismos no podían resolver?

En una reunión a mediados de mayo con legisladores, estos me aseguraban que ese mismo día iban a ingresar el proyecto. Pero que querían que lo firmaran también legisladores de la oposición, para que “tuviera más fuerza”. Sinceramente me pareció difícil que un Basterra o un Solá salieran a ponerle el gancho a un proyecto que el mismo Ejecutivo no se animaba a firmar.

Les advertí que la Federación Agraria y CRA manifestaban no suscribir al anteproyecto oficial (que supuestamente tenía el consenso de la cadena) y que pensaban presentar el suyo propio por Mesa de Entradas. Aunque no pasara de ahí, el solo anuncio diagnosticaba que el camino a la reforma de la ley de Semillas no iba a estar cubierto de pétalos de rosa.

Pasaron los días. El proyecto “oficial” vía Cambiemos no llegaba. Tampoco ingresaba el de CRA/FAA, las “entidades del Sur (de la Avenida Rivadavia)”. Por el contrario la diputada PRO Cornelia Schmidt presentó en soledad un proyecto que simplemente servirá para nutrir la búsqueda de proyectos sobre semillas, que algún día algún investigador haga sobre la problemática.

Así las cosas se llega al Mundial sin ni siquiera una agenda de tratamiento. El Mundial paraliza. El receso invernal paraliza. En el medio aborto, presupuesto, FMI, dólar, etc. etc. Quedaría el escueto plazo que va de agosto a noviembre para intentar algo, en caso de que finalmente la relatoría de la comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara Baja metiera la cuestión en agenda. En ese caso, se perfila un debate importante.

Y ya estamos en 2019, año electoral. Olvidate.

Y así habrán pasado sin pena ni gloria cuatro años de una gestión a la cual el establishment agropecuario le confiaba la resolución del tema propiedad intelectual en semillas.

¿Cuál es la única posibilidad que veo? Que el Presidente Macri, posiblemente urgido por dar señales de “seriedad” al mercado internacional, baje línea que debe reformarse sí o sí la ley de Semillas. Claro que esto le traerá un costo político con buena parte del ruralismo, sus aliados políticos. De lo contrario, el status quo que data de 1973 continuará hasta una próxima gestión.