El desguace de Agricultura Familiar y la construcción de una nueva “for export”

Más que una ola, los despidos del ministerio de Agroindustria parecen haber respondido a una operación de cirugía mayor dedicada a extirpar el quiste cebaceo que la denominada “grasa militante” había generado en el ámbito de la Agricultura Familiar. A la hora de la planificación, tal operación conllevaba beneficios múltiples. Por un lado se justificaba en el achique presupuestario del ministerio. Por el otro no significaba un gran costo ante la opinión pública, en tanto se justificaba como la expulsión de la militancia improductiva y parasitaria creada por el kirchnerismo bajo la forma de empleo público. Por último, se trataba de un área que nunca fue del agrado de la inteligentzia detrás de Cambiemos.

Se trata del anteúltimo paso de una serie medidas que arrancó con el poco entusiasta nombramiento de Oscar “el Sapo” Alloatti para la heredada secretaría de Agricultura Familiar. Falto de presupuesto, el santafesino optó por irse, lo cual abrió la puerta a la conducción de Agroindustria a bajarla de rango y colocarla como subsecretaría bajo la órbita de Santiago Hardie, el verdadero mastermind del ministerio y que hoy negocia con los gremios los despidos.

Definanciada operativamente, la estrategia durante la gestión Buryaile fue promover la salida por goteo de los técnicos del área, un proceso lento que no satisfacía las expectativas de la Casa Rosada. La convocatoria de Etchevehere implicaba aplicar una solución final al problema, cuyo primer paso fue volver a reducir la categoría, ahora al rango de dirección nacional y poner al frente una cara políticamente correcta, como era la del federado Julio Currás.

Jamás bajó ni mostró preocupación por lo que estaba pasando“, se quejan los despedidos de Agricultura Familiar, respecto de un dirigente que justamente proviene de la organización que defiende a los pequeños y medianos productores. “Si está ahí es por su militancia en el radicalismo y no por un acuerdo con la Federación Agraria”, salen a despegarse desde la entidad.

El anteúltimo paso fue la eliminación de no menos de 150 empleados en el área de la AF. Incluso el total de los trabajadores vinculados al área de la agricultura periurbana en la sede central fueron volados de un plumazo.

Así las cosas, y mientras se suceden las protestas y las negociaciones sindicales, el área quedó campo orégano para la nueva etapa.

Puertas adentro el debate era qué hacer con la Agricultura Familiar. En una mano estaba la posibilidad de transferir elegamente el asunto a Desarrollo Social, basándose en que el sujeto social del ministerio es el productor comercial y su cadena. Pero en la otra mano empezó a surgir una idea: ¿por qué no reinventar al agricultor familiar como un ícono for export, una suerte de Juan Valdéz gaucho, que atraiga simpatías y negocios del exterior, en lugar de mantenerlo en el clientelista circuito del consumo interno?

Siguiendo el manual de estilo oficial, ¿qué tal si generan un par de casos de productores familiares que ingresan por la puerta grande del comercio “justo” y “conciente”, y se convierten en el mascarón de proa de la cara amigable del Gobierno con los sectores más desprotegidos?

Vamos a convertir un problema en una oportunidad“, dicen en el entorno de quien proyecta el nuevo modelo oficial para la Agricultura Familiar.

Un dato más: el modelo caería como anillo al dedo con el proyecto de ley que prepara el senador Esteban Bullrich para la agricultura periurbana bonaerense con la idea de terminar de cooptar a ese sector para el oficialismo.