La fertilización de la soja está estancada y se apuesta a la baja de retenciones

En la reunión de la Asociación Civil Fertilizar, su vicepresidente, Jorge Bassi, exhibió un dato contundente: a diferencia de lo que ocurre con el maíz y el trigo, la demanda de fertilizantes para la soja no crece. “Tenemos las mismas ventas de superfosfato simple que el año pasado”, sostuvo a modo de ejemplo. En cambio, la demanda de fertilizantes para los cereales se incrementó no solo por mayor área sembrada sino por la aplicación de dosis más altas.

La pregunta que flotaba en el recinto era respecto de las razones que llevan a que el productor exhiba un comportamiento cuando se trata de los cereales y otro cuando se trata de la soja, siendo que los análisis estadísticos de los ensayos de fertilización arrojan diferencias importantes a favor de la aplicación de nutrientes en forma balanceada en la oleaginosa (básicamente fósforo, azufre, zinc y boro). Veamos algunas de las respuestas esgrimidas.

a) Los rendimientos de la soja están en una zona de confort, que dejan una rentabilidad razonable, con lo cual se hace más difícil ver la conveniencia de incrementar o mejorar la fertilización para pasar de 4.200 a 5.000 kg/ha, como se vio en una de las filminas que presentó Bassi.

b) A diferencia del maíz gran parte de la soja se realiza en campos arrendados, con una buena dosis de incertidumbre respecto de la posibilidad de mantener el campo a la campaña siguiente.

c) Puede haber una intención de mejorar la fertilización, pero la ventana de tiempo relativamente estrecha para la siembra de 19 o 20 millones de hectáreas de soja hace que el productor privilegie esta operación en desmedro de un plan de fertilización más ambicioso. “Incluso productores con el fertilizante ya comprado, no lo retiran del depósito porque la logística los apreta para sembrar ya”, comentaba Bassi.

d) Pero hay una cuestión de fondo, y tal vez la de mayor peso, que hace que el productor no tenga la misma aproximación con la soja que con los cereales: los derechos de exportación. Mientras que con el trigo o el maíz paga el fertilizante a precio internacional y vende el grano también a precio internacional, en el caso de la soja cuando llega la hora de vender, al precio le serruchan un 30%.

Esto podría explicar por qué los productores de soja del resto del Mercosur tienen una mejor predisposición a la tecnología que los argentinos. “El productor paraguayo tiene un mejor precio para su soja, incluso descontando los 50 dólares por tonelada de la barcaza”, agregaba el directivo de la AC Fertilizar.

Por eso la expectativa está puesta en el plan de reducción de los derechos de exportación de la soja a partir de enero de 2018, que lograría para fin de ese año reducir 6 puntos porcentuales -a razón de medio punto por mes- y llevarlos al 24%.