Diego Cifarelli: “Hay que bajar 50 dólares el costo del fobbing argentino”

El titular de la Federación Argentina de la Industria Molinera, Diego Cifarelli, fue uno de los disertantes del seminario sobre competitividad agroindustrial organizado por RIA Consultores el pasado 27 de setiembre en la ciudad de Buenos Aires.

Esta agroindustria llegó a estar cuarta en el ránking de exportadores mundiales de harina en 2012, como proveedora de harinas de trigo. Eran los tiempo en que la industria molinera enviaba al exterior más de un millón de toneladas de producto por año. Pero la desafortunada decisión del por entonces ministro Kicilloff de cerrar las exportaciones harineras cuando cayó la producción del cereal, relegó a la Argentina en el año 2013 al puesto 23, tras lo cual viene levantando cabeza año tras año hasta alcanzar en 2016 el quinto puesto detrás de Pakistán, aunque con un volumen inferior a las 600.000 toneladas.

Con un objetivo de llevar al país a colocar en el mundo dos millones de toneladas (nos convertiría en tercer exportadores globales) la realidad es que hoy por hoy el producto solo se coloca en países vecinos como son Brasil y Bolivia, que representan el 95% y Chile, con otro 3 por ciento. “La realidad es que somos inviables cuando tenemos que exportar por barco“, señaló Cifarelli en su exposición, para dar paso a un punto central de su presentación: cómo aumentó el costo del fobbing en los últimos años.

Efectivamente en 2009 entre flete interno, almacenamiento, manejo en terminal y embarque, cada tonelada a exportar tenía un costo de 49 dólares. Para 2015 ese costo se había elevado a 110 dólares, con el siguiente detalle: el flete interno se había multiplicado por tres, el almacenamiento por dos y el manipuleo en la terminal por casi 4. Lo que menos aumentó fue el costo embarque, con “solo”  62 por ciento. “Estamos perdiendo licitaciones de abastecimiento en mercados de ultramar frente a otros países proveedores”, apuntó Cifarelli.

Por caso, Turquía, un país que importa trigo, es el primer abastecedor mundial de harina con 3,5 millones de toneladas en 2016 y llega a mejor precio a un mercado tan distante como Cuba que la Argentina.

Después de la devaluación de diciembre de 2015, el fobbing cayó en 2016 a 95,5 dólares por tonelada. “Pero todavía estamos caros, necesitamos que baje unos cincuenta dólares más para poder ser competitivos en los mercados de ultramar”, señaló el líder de los molineros. “Esos 50 o 55 dólares representa el 20% del valor de colocación de la harina de trigo que ronda los 280 dólares”, indicó para agregar que “estamos casi 20 dólares por arriba del puerto de Montevideo, que todo el mundo sabe que es el más caro de la región”.

Un tema no menor es que la carga impositiva por tonelada de harina exportada trepa al 11%, si se consideran solo los indirectos, y se eleva al 13,6 con los indirectos y al 18,6% con las cargas sociales. “El reintegro actual, del 3%, no alcanza para posicionar la harina argentina en destinos de Oriente y África, con volúmenes significativos, aunque valoramos el esfuerzo que hace el Estado con esta política de reintegros”, sostuvo del titular de la FAIM.