Avatares de una aceitera mediana, frente a un consumo que cae y un mercado externo inalcanzable

La aceitera en cuestión está ubicada en el sur de Santa Fe. Compra la semilla de girasol, la muele a fasón, y luego refina y envasa el aceite que le entregan. Maneja lo que se diría segundas marcas, con las cuales llega a las góndolas de la cadena de distribución.

El dato es que hoy está operando al 65%, no más del 70% de su capacidad, cuando hasta el año pasado lo hacía al 90%. ¿Qué fue lo que ocurrió en el ínterin? El responsable de la aceitera enumera los dos principales puntos.

a) El consumo de los argentinos cayó de 42 a 36,5 millones de litros mensuales, asegura. Debido al menor poder de compra de los salarios, la demanda está virando a las mezclas de girasol con soja, de menor valor.

b) Hasta el año pasado seguía funcionando el sistema de compensaciones privado (organizado durante el gobierno de los K) que transfería fondos de la exportación aceitera a las fábricas abastecedoras del consumo interno. Eso mantenía el mercado ordenado con un sistema de cupos para cada empresa, además de un precio regulado para el público.

La salida del “fideicomiso” (la figura jurídica para ejecutar esas transferencias) no solo derivó en la desregulación del mercado, sino que, frente al debilitamiento del consumo, impulsó a las grandes fábricas a ganar mercado a costa de precio. “Antes la diferencia entre una primera marca y nosotros era el 17%. Ahora estamos en un 11%”, explica el director de la aceitera.

A estos dos factores se les sumaron otros, como el incremento en el costo de la materia prima (que prácticamente se duplicó cuando se le quitaron los derechos de exportación), el aumento de la energía, de la mano de obra y de los insumos dolarizados, como las tierras de refinación. “Estamos trabajando prácticamente sin margen de rentabilidad“, se quejan.

 

La vía exportadora

El informe de RIA Consultores viene señalando un fuerte incremento en las exportaciones de aceite de girasol refinado, que de un promedio de 2.700 toneladas mensuales en el primer semestre de 2016, pasó a 8.263 en 2017.

¿Podría ser esta vía una alternativa para esta aceitera? El informante señala que Chile es el principal destino para las colocaciones del aceite refinado y envasado de girasol (efectivamente, los datos de la Aduana indican que un 70% del volumen va hacia el mercado trasandino), pero que los precios que paga solo pueden ser afrontados por las grandes compañías del sector, como AGD, Molinos Río de la Plata, Nidera o Bunge.

“Solo los 70 dólares (por tonelada) que cuesta el flete a Santiago de Chile nos sacan de este mercado”, apunta. Así las cosas, el futuro para esta compañía se presenta como un real desafío de gestión, entre un mercado interno retraído, costos en alza y barreras logísticas para alcanzar mercados en el exterior.

Para citar: www.javierpreciadopatiño.com