Aceiteros rompen techo de paritarias y se disparan los costos en dólares

Por Javier Preciado Patiño

El pasado jueves 18 de mayo, el gremio de los trabajadores aceiteros anunció que había llegado a un acuerdo paritario que eleva el salario inicial de un trabajador del gremio a $25.000. Un año atrás se había establecido para esa misma categoría un salario de $17.620, que a partir del 1 de octubre se había elevado a 19.000.

Quiere decir que el incremento representa un 31,5% respecto del vigente y 41,9% respecto del acordado un año atrás. Sin duda el acuerdo se encuentra muy por encima del techo que el Gobierno nacional pretende para la actualización salarial en el año en curso.

En su comunicado, el gremio señala que “las patronales optaron por acordar antes que exponerse a un conflicto como el del 2015 o uno aún mayor”, en referencia a los 25 días de paralización de los puertos graneleros, y que generó sobrecostos millonarios para la industria aceitera y exportadora.

Al tipo de cambio vigente, el nuevo piso salarial equivale a más de 1.500 dólares. En nuestro informe semanal de RIA Consultores analizamos la evolución en dólares del salario de un trabajador aceitero, que en 2007 era de 358 dólares, si tomamos el tipo de cambio promedio de ese año. A partir de allí se fue elevando progresivamente hasta el actual récord, como podemos ver en el gráfico adjunto.

Incluso medido en toneladas de soja el sueldo viene en franco incremento, desde un parámetro de 1,6 toneladas en 2007 a las actuales 6,5 toneladas.

Claramente hay un incremento de los costos en dólares que bien podría trasladarse a otros que se mueven al ritmo de la inflación, de tal manera que las empresas que tienen que competir globalmente sufren una inflación en dólares. Curiosamente, los mejores sueldos a los que acceden los trabajadores tampoco los alejan mucho de la condición de “fragilidad” social, en tanto las estadísticas oficiales muestran que un matrimonio con dos hijos y propietario de su casa necesita casi $20.000 mensuales para cubrir la canasta básica de bienes y servicios.

Si bien se puede argumentar que para las grandes empresas aceiteras el costo laboral tiene un impacto menor, no es el caso de las pymes distribuidas a lo largo y ancho del país, que al procesar cantidades mucho menores sufren con más dureza el impacto del costo laboral. Por caso, desde una fábrica en Entre Ríos, que trabaja por prensado (no por extracción por solvente), señalan que representa el 35% de los costos totales.

Algunas empresa eluden el acuerdo al tener a sus trabajadores dentro del gremio de Uatre en lugar de aceiteros. Otras no tan chicas no refrendaron el acuerdo general y buscan una negociación regional, mano a mano con sus trabajadores. “En este contexto, es importante diferenciar entre las grandes empresas y las pequeñas y medianas, porque la competencia se está haciendo muy dura“, señaló un empresario santafesino a este medio. La fuente apuntó que tras el fin del fideicomiso que compensaba el precio interno mediante un subsidio cruzado con la exportación, el mercado se liberó y las grandes compañías aceiteras están tratando de ganar mercado en base a precio, desplazando a las compañías de menor escala. “Estamos con margen nulo o incluso negativo”, explicó sobre el presente agroindustrial.

Como sea, la alta inflación con un tipo de cambio planchado y consumo interno estancado o en retroceso está debilitando la competitividad del eslabón industrial de la cadena granaria.