Signo de los tiempos: cae el consumo de vino común. El de champaña, no

El consumo de vinos resulta una buena radiografía del momento actual de la Argentina. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura el consumo de vino común cayó 9 puntos porcentuales respecto de 2015; en cambio, el consumo de espumantes quedó prácticamente igual y el de vinos varietales se ubicó en una posición intermedia con una retracción de 5 puntos.

Con datos a octubre, el despacho de vino común al consumo interno pasó de 6,34 millones de hectolitros a 5,76 millones. Este tipo de vino explica un 73/74% del consumo total de los argentinos.

En el otro extremo, los espumantes apenas representan el 4% del consumo total, pero del año pasado a este que está concluyendo la demanda apenas si cayó de 354.000 a 352.000 hectolitros.

Finalmente, los vinos varietales pasaron de 1,81 millón de hectolitros a 1,72 millón, que en términos porcentuales representa la contracción mencionada de 5 por ciento.

Claro, alguien podría preguntarse si el menor consumo de vino común no es una tendencia del mercado. Efectivamente en la línea de tiempo esto viene ocurriendo. En 2005 el consumo de vino de mesa (ahora denominado sin mención varietal) era de 9,12 millones de hectolitros. Para 2010 había caído a 7,37 millones. Pero desde ahí en adelante venía mostrando una tendencia estable; es más, el consumo de 2015 había sido levemente superior al de 2014, en torno al uno porciento.

En sentido inverso, el consumo de espumantes pasó de 116.000 a 459.000 hectolitros en ese lapso, mientras que el de varietales lo hizo de 1,5 a 2,2 millones de hectolitros. Lo llamativo es que nunca había habido una caída tan fuerte en el consumo de varietales (-5%), más cuando el mercado venía de crecer 12% entre 2014 y 2015.

De manera que el estado actual del consumo de esta bebida no se puede explicar si no es por la caída del poder adquisitivo de los sectores más amplios de la sociedad.