En el horizonte se arma la tormenta perfecta para la ganadería vacuna

 

por Javier Preciado Patiño

Sin dudas que la ganadería vacuna era y sigue siendo la actividad donde más expectativas de recuperación había puestas (junto con las gramíneas), luego del 10 de diciembre de 2015. De hecho algunos indicadores duros en este año, como precios en los remates de genética, implantación de pasturas, venta de equipos para forrajes, etcétera, etcétera, reflejan el optimismo reinante en el sector.

Pero el mejor reflejo de las expectativas positivas es que el ciclo ganadero ingresó en una fase de retención, fase que fue uno de los factores determinantes para la suba del precio del novillo desde el último trimestre de 2015, cuando se empezaba a avizorar un cambio en el signo político.

Sin embargo, se empiezan a ver algunos indicios de que esta luz al final del túnel en verdad podía ser el reflejo de las propias luces con las que la ganadería venía abriéndose camino. Veamos.

1.- A los argentinos no nos entra un kilo más de carne en el estómago. El consumo per cápita anual de carnes por parte de los argentinos es de los más altos del mundo. Grosso modo podemos sumar unos 45 de pollo, 15 de cerdo y 55 de carne vacuna, lo que arroja un total de 115 kg y queda por ahí el pucho que se llevan los pescados. Esto quiere decir que difícilmente podamos aumentar el consumo de una de estas fuentes si no es en desmedro de las otras. Es harto difícil, sino imposible, agrandar esta torta.

2.- La demanda interna está planchada. Me remito al último informe de la cámara frigorífica Fifra que reproduce una columna del director de Informe Ganadero, Ignacio Iriarte, cuyo título es “La demanda de carne vacuna no reacciona”. Me permito agregar que, expresado en dólares, los argentinos hemos pagado más que bien el kilo de carne vacuna a lo largo del año, y que ese fue el punto de equilibrio entre la escasa oferta y la capacidad de compra de los consumidores. Ahora (lo veremos en el punto siguiente), solo si el precio cede en el mostrador el consumo podría aumentar, pero, como ya dijimos, en detrimento de otra carne.

3.- Empezó a caer el precio de la hacienda. En este contexto, la mayor salida de hacienda al mercado empuja los precios a la baja. El novillo de Liniers en noviembre apenas acumulaba interanual de 29%, muy lejos del 66% de diferencial que tenía en junio. Y con la salida de la hacienda de los corrales no se espera una recuperación del precio hasta el próximo otoño. Los distintos análisis ganaderos resaltan el aumento de la faena en noviembre y la mayor presencia de hembras en su composición, dato que si bien es aislado da a pensar si no está concluyendo la fase de retención en el ciclo ganadero.

4.- El temor a un efecto cascada. Lo plantean los productores porcinos. “La semana pasada ha sucedido algo que puede marcar un problema a corto plazo, el precio del Novillo del Mercado de Liniers cotizó por debajo del precio promedio máximo del capón, situación que no sucedía desde mayo de 2015 y había permitido un aumento constante en el consumo de carne porcina”. Es decir, si el precio de la hacienda se derrumba, es posible que empuje a las carnes sucedáneas, que en el caso de los productores porcinos apenas habían comenzado a sacar la cabeza del agua después de un invierno donde los costos de producción, en el mejor de los casos, eran iguales al precio de venta.

5.- La exportación no arrancó. Lamentablemente, la exportación no ha podido acompañar las expectativas puestas en la cadena ganadera. A octubre (fuente Senasa) el volumen de carne exportada era solo 6% mayor que en 2015 y el de Hilton 4%, con un retroceso de 9% en el caso de las menudencias. La buena noticia es que a medida que avanza el año el volumen de exportaciones va creciendo respecto de 2015. El informe de RIA Consultores señala en este sentido que en noviembre la emisión de ROE’s Rojos para carnes (congeladas y refrigeradas) duplicó a las de noviembre de 2015, mientras que los cortes Hilton la diferencia favorable a este año fue de 68 por ciento.

 

LAS ALTERNATIVAS

Asumiendo que el consumo interno ya no puede absorber más proteína cárnica (excepto por el crecimiento vegetativo de la población) en el corto plazo la exportación es la exclusa que aliviaría el sobrestock de oferta. Pero la industria frigorífica además de padecer los problemas de competitividad comunes a todos los sectores económicos locales, se venía encontrando con un tipo de cambio que no era el mejor para licuar el costo argentino, y por otra parte tenía una materia prima (la hacienda) cara en términos con otros países ganaderos.

¿Es una alternativa exportar hacienda en pie?  Uruguay tomó el camino de Australia y se convirtió en un fuerte exportador de ganado en pie en los últimos años, fundamentalmente para los países árabes y China. En términos del productor ganadero puede ser una buena noticia ya que el importador se convierte en un nuevo jugador para la formación de precio.

En nuestro país ya son varios los que analizan esta posibilidad, pero ¿cuál sería el mensaje del Gobierno nacional si autoriza este negocio que va en detrimento del agregado de valor local? ¿Permitiría una industria frigorífica en crisis que por el puerto se colaran los novillos que necesitan para mantenerse activos?

 

La otra posibilidad es que el Gobierno nacional decida apuntalar fuertemente a la industria frigorífica, una mediante reintegros a la exportación, y, dos, mediante algún otro mecanismo fiscal que les permita recuperar competitividad.

El único problema a esta opción es que si el negocio exportador se acelera y esto empuja el precio de la carne al mostrador, las autoridades se compran el mismo viejo problema de siempre. Solo la aceptación de que la carne vacuna no volverá a ser lo que fue y que en su reemplazo se consumirá más cerdo, es la nueva alternativa a este dilema de hierro.