“Si no se hace algo, hay una fecha límite hasta donde aguanta la avicultura”

“No hay ninguna economía regional que ande bien; la única expectativa  es la agricultura”, se sincera el ministro de la Producción de Entre Ríos, Carlos Schepens.

El mayor impacto lo genera la crisis en la avicultura, segunda actividad en importancia en la provincia mesopotámica, después de la agricultura. El funcionario señala que la gravedad llevó a que el gobernador Bordet, tras una primera reunión con el ministro Frigerio, tuviera una segunda a la que sumaron Pancho Cabrera (Producción), Jorge Triaca (Trabajo), Ricky Negri (en representación de Buryaile) y funcionarios de la Afip, entre otros.

“Se habló de una fecha límite para la avicultura, pero no me animo a darla”, dice Schepens a www.javierpreciadopatiño.com. Es que esta industria de transformación vive una tormenta perfecta y en buena parte no atribuible a fenómenos exógenos. Por un lado, sí, el mercado internacional se encuentra retraído, pero Brasil, que también sufre su crisis, inundó el mercado argentino con pechugas a precio de dumping, sin que nadie haya ido a cerrar la canilla.

Luego, los costos internos se dispararon, primero por el valor del maíz que se duplicó de un año a otro, pero luego por los de la energía; la industria avícola es fuerte usuario del gas en sus procesos de producción.

“Se llevaron los deberes y ahora estamos esperando la respuesta”, relata el funcionario. ¿Pero, cuáles son las expectativas que se están manejando? Al igual que lo que ocurre con los productores porcinos y los tamberos, una es que la Argentina tenga una súper cosecha de maíz y que en un mundo sobreofertado el precio del cereal baje sensiblemente para la próxima campaña. Obviamente, una “solución” que resultará una frazada corta, que dejará a la intemperie a los productores agrícolas.

La otra se centra en que finalmente el Gobierno Nacional decida una tarifa más razonable para la energía, en este caso la que consume la industria, generadora de divisas y puestos de trabajo.

 

El arroz, otro frente complicado

Entre Ríos es la principal productora de arroz, junto con Corrientes. La diferencia con esta provincia es que los entrerrianos son productores de menor escala y que toman el agua no de tajamares sino bombeando de las napas, con un consumo de 500 a 700 litros de gasoil por hectárea producida.

Schepens, que viene de la Fecoar (Federación de Cooperativas Arroceras), recuerda que durante 20 años hicieron “todo de tipo de pruebas” para sustituir la energía del gasoil por otra fuente, hasta que todo indicó que la eléctrica era la única viable. Ello implicó tender una red de distribución para la energía rural, donde el Prosap jugó un papel significativo, canalizando préstamos de organismos multilaterales.

“Pero ahora, después de toda la inversión que se hizo, el trabajo y el gasto a nivel de productores, el costo de bombear el agua es igual usando electricidad que gasoil”, se lamenta el Schepens. “Hasta incluso sería más conveniente el gasoil porque podés desgravar algunos impuestos. Así que después de veinte años estamos en el mismo lugar”, acota.

El otro frente es el comercial. Schepens describe el retroceso cooperativo en la materia y el avance de compañías como Adecoagro o Glencore, que según él cerraron muy buenos negocios de exportación, pero sin trasladárselos a los productores, lo que obligó a estos últimos a cometer la “herejía” de exportar arroz cáscara, sin elaborar, con destino a Colombia. “Por lo menos se logró que el precio pasara de $2,10 a $3,20 y transparentar el mercado”, afirma.

Para citar: www.javierpreciadopatiño.com