Los costos energéticos agravan el ocaso de la olivicultura

El dato que arrima Juan Carlos Jauregui, presidente de la Asociación Olivícola Catamarqueña, es por demás elocuente. De las casi 30.000 hectáreas que se habían otorgado para implantar olivos vía los planes de promoción en esa provincia, se concretaron unas 26.000 de las cuales hoy se encuentran en producción apenas 12.000.

Las razones que explican este fenómeno son diversas. Desde una mala elección de las variedades implantadas (no llegaban a cumplir los requerimientos de horas de frío) hasta el bajo precio internacional, todo jugó en contra de esta actividad agroindustrial que es una de las pocas aptas para las zonas áridas junto con la vid y el nogal.

Pero los aumentos de las tarifas eléctricas no han hecho sino agravar la crisis de esta economía regional. “La promoción otorgada implicaba utilizar agua subterránea, para lo cual había que implementar un sistema de riego basado en una perforación profunda para llegar a las napas”, explica Jauregui. “Para dar una idea, hay una inversión por hectárea de 6.000 dólares en el riego y otro tanto en el monte”, agrega.

El problema es que el servicio eléctrico tiene una tarifa para potencias instaladas de menos de 300 Kwatt y otra para potencias mayores. “En el primer caso hoy el precio de la electricidad es de $402 el megawatt hora; pero si en vez de 299 KW tenés 300, la tarifa trepa a 827 pesos el megawatt; y cualquier establecimiento olivícola tiene una potencia superior a los 300 kw”, agrega.

Así las cosas, el costo de la electricidad llega a representar el 55% del costo de producción agrícola de una finca olívicola. “Hoy por hoy, los inversores ya no piensan ni siquiera en recuperar la inversión, sino en llegar a un punto de equilibrio, es decir tener que dejar de poner plata”, apunta Jauregui.

Los otros puntos que afectan a la actividad son los precios internacionales, de los cuales nuestro país es tomador. Pero aún así, las ventas de aceite de oliva a granel con destino al mercado interno se arbitra en función de los precios internacionales. “Las empresas que compran el aceite de oliva, caso Molinos y AGD, te fijan ese precio, que ronda los 40 $/litros, cuando en la góndola lo ves a 120 pesos”, continúa el directivo.

Jauregui sostiene que la devaluación ha sido positiva, pero que se vio neutralizada por el incremento de los costos que en algunos casos, como la energía, superó al dólar. Como paliativos solicita alguna desgravación en la carga impositiva de la mano de obra, por tratarse de una economía regional, y la eliminación de ese tope de los 300 KW para la tarifa eléctrica. “Hemos planteado la cuestión en el ministerio de Energía, pero no tenemos una respuesta”, explica.

Por lo pronto, lo más concreto es la expectativa que después de una cosecha floja, como fue la 2016, para el año que viene la producción repunte y eso equilibre un poco los tantos.

Citar como: www.javierpreciadopatiño.com