La avicultura, atenazada entre un débil mercado internacional y un exceso de oferta al consumo

El siguiente cuadro es sintomático de la crisis que atraviesa la avicultura argentina, una agroindustria que le agrega valor al maíz y la soja, y que corre riesgo de regresar al peor momento de los 90 si no se aplica una corrección en forma rápida.

El dato es que en junio de este año, las exportaciones de pollo entero eviscerado congelado alcanzaron un volumen de 5.200 toneladas a un valor promedio de 1.273 dólares por tonelada. Cuatro años antes, en 2013, la industria había exportado en el mismo mes 20.000 toneladas a casi 2.000 dólares por tonelada. Es decir que en el término de cuatro años, la exportación se retrajo 74% en volumen y 36% en precio.

pollo

En tanto, las estadísticas del ministerio de Agroindustria, actualizadas a abril, muestran una caída interanual de las exportaciones totales de productos avícolas de 34% en volumen y 51% en precio.

Por su parte, después de años ininterrumpidos de aumento en la faena, en los primeros cuatro meses de 2016 la misma se contrajo un 11% respecto de 2015, casi el mismo porcentaje en que se contrajo el consumo aparente (aunque desde la industria se menciona que los niveles de consumo están siendo altísimos en la actualidad).

Al analizar las razones por las cuales la industria atraviesa esta situación hay que considerar tanto factores externos como internos.

  1. El mercado internacional muestra debilidad y menor demanda. El bajo precio del petróleo afecta el poder de compra de países importadores como Venezuela, que dejó de ser un cliente para la Argentina y que explicaba la mayor parte de las colocaciones en los últimos años. Junto con la menor demanda, cae el precio internacional del producto.
  2. La participación de la exportación sobre la producción cayó del 19% al 9% en los últimos años. Como la producción no se desaceleró, el excedente se está volcando al mercado interno, deprimiendo los precios a salida de planta.
  3. La eliminación de los derechos de exportación al maíz y la reducción de 5 puntos en la soja, incrementó los costos de producción de la avicultura. Sumado a los problemas climáticos, hoy la avicultura (como las otras industrias) están pagando el “maíz más caro del mundo”, parafraseando al presidente de CEPA, Roberto Domenech.
  4. Aumento de los costos internos. Las nuevas tarifas eléctricas, de gas y agua impactan directamente en la industria. A esto se le suman las paritarias, cerradas con un 36% de incremento respecto de 2015.

Así las cosas, el año podría terminar con exportaciones que apenas rocen las 200.000 toneladas, cuando se llegó a superar las 360.000 toneladas en 2013.

Los caminos para evitar una crisis como la ocurrida a fines de los 90, que explotó tras la salida de la convertibilidad, no son sencillos. Por un lado hay medidas fiscales que premien la agregación de valor, como pueden ser los reintegros a la exportación. Una más general tiene que ver con el tipo de cambio, que para algunos debería rondar entre 16,5 y 17 $/u$s para que los costos internos en dólares se equilibren con el mercado internacional.

Otro punto tiene que ver con recuperar y/o ganar mercados internacionales, junto con la integración de los distintos productos avícolas. Ayudar a las empresas 100% volcadas al mercado interno a derivar parte de su producción a la exportación es una vía interesante.

También importa el desarrollo del comercio exterior de las carnes rojas, con el fin de purgar el exceso de oferta de proteínas cárnicas que tiene hoy el consumidor argentino.

En definitiva, la propia coordinación de la cadena avícola, la cooperación con otras cadenas que operan en el mismo segmento (bovina, porcina) y finalmente la articulación con el sector público para establecer políticas favorables a la agregación industrial de valor, son las claves para la supervivencia de esta actividad.

Cita para reproducción www.javierpreciadopatiño.com