Bioeléctrica: la magia de cerrar el circuito de la energía que capturó el maíz

Si la vid es el cultivo insignia de Mendoza y los frutales de Río Negro, el maíz debería ser el de Córdoba. Y no solo porque con 1,9 millón de hectáreas plantadas, es la provincia que más lo siembra en la Argentina sino porque es la que más empuje le está metiendo a la transformación de esta gramínea C4 en nuevos productos, y a eso me quiero referir en esta columna.

En Río Cuarto hace ya años que funciona la planta de producción de bioetanol Bio 4, que transforma el grano en combustible por un lado y alimento forrajero por el otro. Fue una gran herramienta para agregarle valor al cereal en una región distante 400 kilómetros del puerto y donde en un momento el flete en camión llegó a representar casi la mitad del valor del cereal.

Pero desde noviembre de 2015, frente a Bio 4 está funcionando Bioeléctrica, una planta de generación de energía a partir de la biomasa de maíz.

Al frente se encuentra una ingeniera química graduada en la UN de Río Cuarto, Ana Laura Galizia. En la recorrida por la planta, la profesional explica que con una superficie de 500 hectáreas de maíz para silo (la materia prima para producir energía) se genera 1,2 Megawatts hora, que es lo que se necesita para satisfacer las necesidades de 800 hogares durante todo un año.

 

La ingeniera química Ana Laura Galizia es la responsable de la planta

La ingeniera química Ana Laura Galizia es la responsable de la planta

En la práctica, ese 1,2 MW se conduce a la planta de Bio 4, donde reemplaza un 25% de su consumo eléctrico, perfeccionando el circuito de la energía renovable.

El proceso arranca con el picado del maíz y su ensilado, que se consume a razón de 54 toneladas diarias. La biomasa se mezcla con los desechos (estiércol) proveniente de tambos y galpones de aves y cerdos de la zona, en un tanque donde se produce la descomposición anaérobica de la materia orgánica.

La razón del estiércol es que provee las bacterias que degradan las cadenas de carbono del maíz en gas metano por un lado, dióxido de carbono por el otro, y vapor de agua y sulfuro de hidrógeno en la otra mano. El gas (metano más CO2) se lleva a un tanque, se comprime y se utiliza como combustible para hacer funcionar el motor CAT que genera el 1,2 MW.

Lo fantástico es que ese estiércol proviene de establecimientos de engorde animal que seguramente utilizaron el subproducto de Bio 4 como alimento. Entonces la cadena de la energía que capturó el maíz del sol y la transformó en útil para el hombre, va primero al combustible y los forrajes; en las granjas se transforma en proteína animal, y los desechos vuelven a Bioeléctrica para generar energía de nuevo.

Y lo más maravilloso es que los barros que quedan luego de extraerle toda la energía al silo de maíz (la eficiencia ronda el 95%), que tienen un 5/6 por ciento de sólidos, vuelven a los campos como fertilizante para mejorar la eficiencia de captación de energía solar y su transformación en carbohidratos útiles para la humanidad.

Y todo eso pasa en Río Cuarto, por la iniciativa de un grupo de productores que están viendo las cosas muchísimo más allá de la tranquera.