La cadena porcina al borde del ataque de nervios: de la vuelta de las compensaciones al cierre de la importación

El comunicado oficial del ministerio de Agroindustria sobre el encuentro mantenido con la cadena porcina es apenas un desangelado espejo de lo que realmente ocurrió allí. Por empezar la concurrencia superó lo previsto,  pero donde el contenido fue el plato fuerte de lo allí sucedido.

Por empezar el sector de la producción primaria venía bregando por el cierre de las importaciones de carne porcina, que en los primeros tres meses equiparó a lo de todo 2015. La principal asociación había esgrimido el argumento del riesgo sanitario para ponerle coto a las remesas de carne brasileña, pero los representantes del Senasa que estuvieron en la reunión se encargaron de desbaratar la jugada diciendo que tal riesgo no existe. “Parecían mandados por los brasileños”, sentenció un asistente a la reunión. “Sabemos que el gobierno no quiere sacar los pies del plato de la OMC y todo eso, pero si no frenan la importación de alguna manera nos fundimos”, agregó.

Es que la duplicación del precio del maíz (por eliminación de retenciones y devaluación), más retracción en el consumo, más importaciones, resulta un combo imposible de resistir para la mayor parte de los eslabones de la cadena. Se mencionó que los productores menos eficientes tienen un costo de entre $22 y 23 por kilo vivo, contra un valor de mercado de $16 a 17. Alguien incluso señaló que son 7.700 los productores porcinos al límite de salir del negocio.

Para los que hacen “bien” las cosas, el costo de producción ronda los $17, o sea que salen empatados en el mejor de los casos y pueden esperar un tiempo más hasta que soplen vientos mejores.

Pero por ello, en la reunión que presidían el secretario Ricky Negri y el jefe de gabinete Willy Bernaudo, se escuchó el planteo de la vuelta a las compensaciones, es decir de un aporte estatal que tape el bache entre precio y costo, y que fuera implementado originalmente en los tiempos de la ONCCA de Marcelo Rossi.

A su turno la industria planteó el dramático crecimiento de chacinados terminados que compiten directamente contra su producto y sobre los cuales también quieren un freno a la importación. En el primer cuatrimestre el volumen se cuadruplicó; los 350.000 kilogramos de jamón crudo y cocido provenientes de Europa y Brasil fueron suficientes para planchar el precio del mercado interno y dejar en ascuas a los industriales locales. Los ojos de los industriales se posan sobre BRF, el grupo brasileño que compró Avex, Campo Austral y Alimentos Calchaquí, y que sería el principal motor de la importación.

La situación es tan crítica, afirmaron en la reunión, que los mismos industriales están pensando en importar embutidos si el Gobierno Nacional no hace nada, echándole nafta al fuego de la situación social marcada por los despidos y la retracción del consumo.

La respuesta de Agroindustria fue muy tibia, promover el consumo o buscar mercados de exportación no es algo que se haga de un día para el otro. Tienen que frenar la importación ya, aunque sea por tres o cuatro meses hasta que el mercado por estacionalidad se reactive un poco”, aseguraron asistentes al encuentro. Incluso poner licencias no automáticas no mejoraría demasiado la cosa, afirman.

Desde FAA recordaron que hacía ya un tiempo le habían mandado una propuesta al ministro para establecer una compensación de $3 por kilo para productores de hasta cien madres, o bien un precio sostén. La respuesta del ministerio fue que valoraban que fueran los únicos que presentaron algo por escrito para el corto y mediano plazo, pero que -palabra más, palabra menos- lo de las compensaciones no está ni por asomo en el radar de la cartera. Igual, como el diálogo es el valor central de la gestión, se comprometieron a reunirse próximamente para ver “qué solución se les puede dar”. Y así van las cosas.