De la mano de la Austral, el caso Bioceres llega a los journals de agronegocios del mundo

La edición de marzo del Journal on Food Systems Dynamic contiene la revisión del caso del Grupo Bioceres, un relevamiento académico llevado adelante por los investigadores del Centro de Agronegocios y Alimentos (CEAG) de la Universidad Austral, Roberto Feeney, Carlos Pérez y Pablo Mac Clay.

Esta compañía, formada en 2001 por productores argentinos tecnológicamente líderes y que a lo largo de los años fue sumando nuevos inversores, como el poderoso Grupo Insud de Hugo Sigman, llama la atención de los especialistas mundiales en agronegocios por tratarse de un emprendimiento que apunta a la innovación biotecnológica en la agricultura, basada en los derechos de propiedad intelectual ¡en la Argentina!.

El trabajo describe la evolución de este emprendimiento desde el formato de pool -tan asociado a la agricultura local- a la de un holding, donde el nodo estratégico en materia de Investigación y Desarrollo lo constituye el Instituto Agrobiotecnológico de Rosario (Indear), al que se suma Bioceres Semillas, Semya (un joint venture con Rizobacter) e Inmet, dedicada a la ingeniería metabólica

Uno de los aspectos más interesante del paper es la descripción del modelo de negocios pero, fundamentalmente, del financiamiento. En lo que se denomina la fase “precompetitiva”, es decir cuando la compañía tiene que invertir en I+D sin que haya un flujo de fondos por esas innovaciones, toman relevancia las contribuciones públicas -en este caso vía el ministerio de Ciencia y Tecnología- y los acuerdos bajo el formato de “consorcios”, donde hay varios fondeados a partir de instituciones de la Unión Europea.

Bernardo Piazzardi Marshall Martin Roberto Feeney

Foto: Bernardo Piazzardi, Marshall Martín y Roberto Feeney, durante su viaje a Indianapolis, sede de Dow AgroSciences

 

El trabajo se detiene especialmente en la tecnología de resistencia a sequía y salinidad, mediante el uso del gen HB4, que derivó en una alianza con la estadounidense Arcadia BioSciences, bajo el JV Verdeca. En este plano, el producto que primero podría salir al mercado es la soja, pero resulta interesante entender cómo se financia un emprendimiento de esta magnitud.

Feeney et al. identifican tres mecanismos. Uno es la ampliación del capital con el nuevo socio, con el incentivo del Programa de Fomento a la Inversión Emprendedora en Tecnología del MinCyT que devuelve al inversor el 50% del valor de libro de las acciones adquiridas en bonos del Estado que sirven para cancelar impuestos internos. El segundo mecanismo son los subsidios públicos propiamente dichos, y el tercer mecanismo es el aporte directo de capital por parte de los socios estratégicos.

El trabajo aporta información sobre los ingresos del Grupo Bioceres para el periodo 2009/2012, que pasan de 1,1 a 7,7 millones de dólares, aunque lamentablemente no hay una apertura de esos números como para poder analizar el peso relativo de cada fuente de ingresos. Arcadia Biosciences, que es una compañía que cotiza en el Nasdaq, sí muestra esta apertura por una cuestión regulatoria. Lo interesante en el comparativo -información que por cuenta nuestra- es que los números finales de Bioceres para ese período dan empate o una leve pérdida, mientras que los de Arcadia muestran pérdidas significativas (para los períodos en que la información se encuentra abierta).

El trabajo del equipo de Feeney concluye con las preguntas que son la cuestión central del caso, y que se resumen en si el proyecto Verdeca obtendrá rentabilidad y si este joint venture era la única posibilidad para recuperar el valor del gen HB4. Finalmente se plantea si para la inclusión de HB4 en otros cultivos (Verdeca es solo para la soja) este es el mejor modelo o puede haber otros. Todo un desafío para los apasionados por los agronegocios.