El feroz ataque mediático contra el Grupo Lucci y la destrucción de valor agregado

El Grupo Lucci, uno de los principales productores e industrializadores de cítricos de la Argentina con su firma Citrusvil, se encuentra por estos días bajo un furibundo ataque mediático, pero no por su actividad citrícola sino por la planta de molienda de soja que posee en Santiago del Estero.

Haciéndose eco de las denuncias de Chile -país que se ha dedicado a frenar con cualquier pretexto todo intento de exportarles valor agregado en origen- el principal grupo mediático de nuestro país protagoniza una embestida contra el grupo empresario nacional.

Para poner las cosas en contexto, en 2008 la compañía decidió encarar una inversión para construir en Frías (Santiago del Estero) una planta de molienda de soja de 1.800 toneladas/día, tecnológicamente a la par de las ubicadas a la vera del Río Paraná. Inaugurada en mayo de 2010 con una inversión superior a los cien millones de dólares, se trató de la primera y hasta ahora única planta de crushing de esas dimensiones en el interior profundo de la Argentina.

El plan de negocios consistía en moler la soja de la región para obtener aceite primero y convertirlo en biodiésel después, para abastecer el corte interno. Y con la harina de soja hacer balanceados para abastecer la demanda local de criaderos avícolas, porcinos, feedlots y tambos. Pero hasta tanto esas actividades no logren escala en el NOA, la vía exportadora era la alternativa.

El grupo Lucci, a través de Viluco SA (la compañía responsable del crushing) sufrió los avatares de los cambios intempestivos en la normativa. Durante la gestión de Kicillof en Economía se desdobló el precio del biodiésel, y Viluco cayó en el rubro de “grandes” fábricas, como las del Paraná, accediendo a un precio 30% menor que el otorgado a las medianas plantas, a pesar de que debería haber sido beneficiada por el principio de regionalidad.

La exportación de balanceados, mediante una planta levantada en el complejo de Frías a un costo de 8 millones de dólares fue la opción para mantener activo el emprendimiento. El balanceado exportado por la compañía cumplió en todo momento con los exigentes requisitos que le pone el servicio agropecuario chileno, sin que hubiera planteo u objeción formal alguna.

Tras la eliminación de las retenciones por parte del gobierno del Presidente Macri, a mediados de diciembre, el balanceado pasó de tributar el 5% de derechos de exportación al 0%. Pero 60 días después, el mismo gobierno dictó el decreto 361 que los elevó al 20 y 27% según el nomenclador arancelario.

La empresa exporta un producto que podría ir en bolsas de 50 kg, pero los clientes externos piden el formato liner, que es un gran contenedor de rafia de propileno, que para la normativa argentina equivale -erróneamente- al granel. Así, la Aduana argentina castiga a la exportación santiagueña con el 20% de retenciones.

El Grupo Lucci manifestó que de continuar esta situación tendrán que parar la planta. Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA, conducido por el ingeniero Fernando Vilella, relevó que más de 300 trabajadores (el 95% de Frías) tienen empleo gracias a la planta, y que indirectamente lo consiguen 1.800.

Encuadrados en el gremio de los aceiteros, hoy un trabajador de Viluco accede a un sueldo promedio superior a los $30.000. El impacto económico de Viluco en Frías fue tan grande que varias redes de tiendas de consumo masivo abrieron sus locales en esa localidad de 40.000 habitantes, destaca el estudio de la FAUBA.

Pero el atrevimiento de la familia Lucci es hoy el objeto de la furia del principal grupo mediático del país, obstinado en destruir cualquier intento de agregar valor en origen, haciéndose eco de los intereses de  terceros países, que lógicamente prefieren importar el poroto de soja o el maíz, antes que el balanceado.

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