DuPont le pone expectativas al crecimiento del área de trigo y maíz

El director del negocio agrícola de DuPont en la Argentina, José Ignacio Adriani, sostiene que el trigo primero y el maíz después (en orden cronológico) son los drivers para la recuperación de la productividad de la agricultura argentina.

Las empresas de tecnología vienen de una campaña donde la rentabilidad acotada (o incluso negativa) de los cultivos impactó de lleno en el uso de insumos. Le pegó fuerte a los fertilizantes (apenas se aplicaron 2,5 millones de toneladas), pero también a los defensivos agrícolas. En el caso de DuPont repercutió más que nada en el rubro insecticidas -donde las aplicaciones disminuyeron principalmente por una menor presión de plagas- pero también en fungicidas, donde el volumen aplicado fue mayor, pero con productos de menor precio. “Se trata de ofertas con menor tecnología y valor final para el usuario”, explica Adriani.

Lo concreto es que los cambios en la política económica, tanto por tipo de cambio como por eliminación y/o de derechos de exportación, así como fluidez en la operatoria de exportación (ROE’s) abre una expectativa totalmente diferente para esta campaña.

“Nuestra estimación, basada en nuestra red de profesionales y comercios, nos dice que el área triguera crecería no menos de 25%“, dice Adriani, un número más que bueno, pero que marca una diferencia con los más optimistas que se animan a hablar de 30 o 35% de incremento. “Lo interesante es que el trigo no solo va a crecer en el sudeste sino que va a volver a la zona central, sobre todo por una necesidad de rotaciones, que ahora es viable con estos precios relativos y menores trabas en la comercialización”, explica.

En el caso del maíz la expectativa es tanto igual o mejor, ya que para el cultivo en DuPont se animan a hablar de un aumento de área de entre 25 y 30 por ciento.  “Es el cultivo que más tiene para crecer en el país”, asegura el líder de la operación de la compañía en la Argentina.

Ahora, ¿cómo le impactan a DuPont estos cambios? Por un lado la compañía tiene uno de los fungicidas líderes para el trigo como es Stinger, mientras que en el rubro herbicidas posee Finesse, que funciona tanto para barbecho largo en sojas STS como para el trigo. En el caso de maíz, al uso de Stinger (para control de roya común) se le suma el insecticida Coragen, otro producto también lider. “Sucede que la aparición de insectos resistentes a determinados eventos biotecnológicos incorporados al cultivo ha vuelto a traccionar la demanda de defensivos, como es Coragen“, explica Adriani.

Hablemos de la soja. La empresa le viene poniendo muchas fichas a la tecnología STS, que es la resistencia (no transgénica) del cultivo a los herbicidas de la familia de las sulfonilureas. Adriani sorprende cuando dice que en la última campaña se sembraron unas 4 a 5 millones de hectáreas con sojas STS en la Argentina. “Estimamos que en el 35% del área de mayor potencial de rinde para la soja, que son unas 15 millones de hectáreas se utilizó este tipo de cultivares. De hecho la demanda está tan clara, que las principales variedades de mayor potencial la han incorporado. Para 2018 creemos que el área con STS llegará a las 10 millones de hectáreas“, sostiene.

Por esta razón para este año lanzarán una versión de su exitoso herbicida Ligate al que le incorporan el principio activo sulfentrazone, para sumar al control de las gramíneas el problemático yuyo colorado, un verdadero dolor de cabeza para los agricultores por su capacidad para adquirir resistencia a los herbicidas.

Asimismo planean lanzar una nueva versión del fungicida, Stinger Duo, gracias al agregado de fosfitos, moléculas que mejoran la salud del cultivo por su impacto en el metabolismo y por ende la acción de los fungidas.