Evogene, la biotecnológica israelí con la que se asocian las grandes semilleras globales

Por Javier Preciado Patiño

Rehovot, al sur de Tel Aviv y camino a Jerusalem, es uno -sino el principal- polo científico de Israel, especialmente en lo que a agricultura se refiere. Allí se encuentra el Instituto Científico Weizmann y la Facultad de Agronomía de la Universidad Hebrea de Jerusalem.

Con esos antecedentes no era raro que compañías biotecnológicas eligieran esa plaza para radicarse. Una de ellas fue Rosetta Green, un desprendimiento de Rosetta Genomics, que en 2013 fue adquirida por la estadounidense Monsanto para continuar con la integración de procesos de Investigación y Desarrollo en su estructura.

Otra de ellas es Evogene, una empresa fundada en 2000 con la idea de operar en la identificación y validación de genes útiles para la mejora de los cultivos, los dos primeros pasos en el proceso de incorporar una transformación genética exitosa a los grandes especies agrícolas.

El potencial de la compañía radica en sus plataformas tecnólogicas para el escaneo e identificación de genes valiosos, una de las cuales se denomina Athlete.

Con este sencillo plan de negocios, Evogene consiguió ser socia de las principales semilleras globales, a través de cuatro principales líneas de investigación:

a) Identificación de genes vinculados a rendimiento.

b) Idem respecto de genes de resistencia a estrés abiótico.

c) Idem para el uso eficiente del nitrógeno.

d) Idem para estrés bióticos (enfermedades y plagas).

En el ínterin fue tanteando en el mercado de capitales el interés por el plan de negocios que se materializó, primero lanzando una IPO en la bolsa de Tel Aviv en 2007 y luego en la Nueva York Stock Exchange en 2013. Este parece ser el camino de las start up biotecnológicas (en el caso argentino podría ser Bioceres), donde el inicial resultado financiero negativo se compensa con el ingreso de accionistas, tanto privados como públicos.

Por ejemplo, la relación con Monsanto se inició en 2008, con un presupuesto multinanual estimado en unos 65 millones de dólares. Para el presente, Evogene le había entregado a la compañía de Saint Louis más de 1.000 genes identificados con el rinde o la resistencia a estrés.

Para 2014, Monsanto y Bayer explicaban el 87% de los ingresos de Evogene, siendo la estadounidense responsable del 60% y la alemana del 27 por ciento.

A diciembre de 2014 Monsanto llevaba desembolsados u$s51 millones en pagos a Evogene y estaba previsto que desde ese momento y hasta 2019 se iban a desembolsar otros 16 millones. Por otra parte, Monsanto adquirió acciones de Evogene por un valor de u$s30 millones.

Bayer es el otro gran socio de los israelíes. Con los alemanes, los principales focos están puestos en trigo y en arroz, también con el objetivo de detectar genes valiosos. Con un acuerdo comenzado en 2010, para diciembre de 2014 la compañía alemana había desembolsado cerca de 12 millones de euros y comprado acciones por un monto similar.

Otros acuerdos involucran a DuPont, para la detección de genes de resistencia a la roya de la soja (DuPont, que ahora lleva adelante la fusión con Dow, controla la semillera Pioneer) y a Syngenta para resistencia al nematodo del quiste de la soja.

Números. A pesar de la potencia de su base científica y tecnológica, los números todavía no le sonríen a Evogene. Ejercicio tras ejercicio las pérdidas son millonarios y superan incluso a los ingresos. De 2014 a 2015 la facturación cayó de 14 a 11 millones de dólares, mientras que el resultado negativo se incrementó de 14 a 17 millones.

Por otra parte, la acción que en la IPO en NYSE rondaba los 18 dólares, cotiza en la actualidad en torno a 7, por debajo incluso del valor al que habían ingresado Monsanto y Bayer al capital accionario.

Pero se trata de un negocio donde la apuesta es dar con una solución tecnológico valiosa, que genere regalías por medio de los millones de hectáreas sembrados a lo largo y ancho del planeta. Si la cosa funciona, la relación costo beneficio se potencia hasta el infinito, solo que muchas compañías en el mundo están jugando la misma carrera.