Syngenta, la empresa que es premiada frente a la posibilidad de su venta

Por Javier Preciado Patiño

El gráfico de la evolución de la acción de Syngenta (SYT) en la bolsa de Nueva York no deja prácticamente dudas: frente a la posibilidad de su venta, primero a Monsanto y ahora a ChemChina, el cupón sube y las operaciones de compra venta se incrementan exponencialmente.

Cuando en la primavera boreal de 2015 se hizo público el interés de Monsanto, la compañía de biotecnología, semillas y agroquímicos con base en Saint Louis, el ticket de Syngenta saltó de un valor en torno a los 65 dólares, a más de 90, es decir casi un 50% de ganancia. Tras el rechazo por parte del liderazgo de la compañía suiza, la acción se desplomó hasta los 60 dólares. Según la prensa especializada del hemisferio Norte, la desafortunada decisión le valió la cabeza a quien hasta entonces era su CEO, Mike Mack.

Pero a veces el último tren pasa dos veces y tras el interludio otoñal, la acción de Syngenta ha vuelto a subir empujada por la posibilidad de que sea ahora ChemChina, la compañía que hace pocos años tomó el control de la israelí Makhteshim Agan para convertirla en Adama, la nueva dueña.

Pero ¿por qué pareciera que el mercado aprueba la liquidación de una compañía de la envergadura de Syngenta, sea a mano de los estadounidenses o de los chinos?

Syngenta fue creada en noviembre de 2000 cuando se fusionaron las ramas agro de Zeneca y Novartis. En su ADN aparecían compañías que marcaron época como la química ICI por la rama Zeneca y las semilleras Funks y Northrup King por la rama Novartis (que a su vez era la fusión de Ciba Geigy y Sandoz).

La nueva compañía se lanzó a la competencia con velas adaptadas para los vientos que soplaban en el inicio del siglo, esto es más biotecnología y más genética.

La evolución de las ventas no estuvo mal. De u$s6.323 millones que facturaron en 2001, llegaron hasta 15.134 millones en 2014, para caer a 13.411 en el ejercicio 2015. En comparación con Monsanto, la evolución fue bastante pareja, aunque en estos últimos quince años, la compañía de Saint Louis arrancó algo desde atrás y terminó algo adelante.

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El problema pareciera radicar en la composición de las ventas. Mientras Monsanto pasó de ser una compañía conocida por el Roundup (glifosato) a liderar en biotecnología, inicialmente con la tecnología Roundup Ready y las semillas, las ventas de Syngenta continuaron dominadas por los fitosanitarios. Si en 2000 o 2001, el área de semillas explicaba el 15% de su facturación, para 2014 o 2015 esa participación había trepado solo a 21 por ciento.

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Muchos en el negocio de la tecnología entienden que el negocio de los defensivos agrícolas marcha irremediablemente hacia los productos fuera de patente o genéricos. La explicación es que las moléculas que están en el mercado representan soluciones más que eficientes a un costo relativamente bajo, con lo cual cualquier nuevo producto no solo tendría que demostrar ser aún mejor, sino también a un precio parecido, lo cual es una combinación muy difícil.

De hecho la ex Magan (ahora manejada por ChemChina) hizo de esta sentencia su credo y se focalizó en liderar el mercado de genéricos. Los chinos mismos, con su alta capacidad de hacer copypaste de las tecnologías, son los grandes proveedores de moléculas genéricas al mundo, incluida la Argentina.

Por el contrario, lo innovador en el mercado de los agroquímicos vendría por el lado de las nuevas formulaciones, las combinaciones o alguna vuelta de tuerca a los productos ya existentes. De hecho las biotecnologías que se vienen como son X-tend y Enlist utilizan la resistencia a dos viejos herbicidas como son el dicamba y el 2-4D.

Por último, con este movimiento se acelera el cambio en el tablero global de la tecnología agrícola. DuPont y Dow se están fusionando en un conglomerado que incluye la poderosa semillera Pioneer, mientras que las compañías chinas van tomando posición mediante compras como Nidera (que además de la trader tiene su pata tecnológica), Magan y ahora Syngenta.