El juego de las expectativas y la inversión: ¿Es Arcadia el modelo de negocios para Bioceres?

Por Javier Preciado Patiño

Ambas compañías, una con base en Davis (EE.UU.) y la otra en Rosario, comparten mucho más que su acuerdo para comercializar la soja resistente a sequía con el gen HB4, mediante el joint venture Verdeca, acuerdo en el cual han integrado a posteriori a Dow AgroSciences.

Las dos compañías tienen en común a la investigación y el desarrollo de biotecnologías agrícolas como su core business. Arcadia BioSciences está focalizada en el desarrollo de tecnologías que mejoren el aprovechamiento del agua y el nitrógeno, la resistencia a estrés abióticos y mejoras en el producto que llega al consumidor, entre otras.

También se parecen en que son estructuras relativamente pequeñas, donde el principal activo es la capacidad científica de innovar en biotecnología, la capacidad para validar esa tecnología a campo para luego sí entrar en el desarrollo comercial de la innovación.

Pero se trata de procesos que llevan años (o lustros) hasta que arrojan dividendos concretos, para lo cual se necesitan de poderosos socios que aceleren y faciliten el desarrollo comercial.

Por eso, los números de Arcadia Biosciences, una empresa que desde principios de este año es pública, pueden ser interesantes para entender acerca de magnitudes y de dónde está el negocio.

En los primeros nueve meses de este año sus ingresos fueron de 4 millones de dólares, contra un costo en I+D de u$s7 millones y otro costo de administración de 8 millones. En síntesis, el periodo enero – setiembre de 2015 arrojó una pérdida operativa en torno a los u$s11 millones, contra u$s13,5 millones en igual lapso de 2014.

Pero, ¿de dónde vienen esos 4 millones de facturación? Unos 380.000 lo fueron desde los productos mismos y otros 770.000 de regalías por licenciamiento. El grueso, 2,9 millones, provino de fondos gubernamentales y contratos para realizar investigación.

La pregunta siguiente es cómo se sostiene en el tiempo la continuidad de un quebranto millonario.

El plan de negocios es que estas compañías tienen grandes capacidades científicas que hay que financiar en el inicio, para recuperar grandes dividendos en el mediano a largo plazo.

Para eso es fundamental entusiasmar a los inversores. La cuenta que hacen en Arcadia con la soja Verdeca es que el beneficio económico para el productor es de 40 dólares por acre (casi el doble por hectárea) y que de ese monto, el semillero proveedor se queda con entre 14 o 16. A su vez el joint venture Verdeca se quedaría con 7 a 10 dólares por acre, que, multiplicados por la superficie donde la tecnología puede prender significa un potencial de retorno de entre 240 y 475 millones de dólares al año.

Así, en mayo de este año, Arcadia hizo su oferta inicial de acciones en el Nasdaq, con 8,5 millones de acciones a 8 dólares la acción. En total, neto de los gastos que le significó la jugada, el capital de la compañía se engrosó en unos u$s58 millones.

Sin embargo, los accionistas que juegan en el corto plazo podrían estar muy nerviosos, ya que para principios de noviembre, el valor de la acción se había desplomado a 2,8 dólares y con muy poco volumen de operaciones.

Pero se trata de un juego de largo plazo. Las grandes compañías semilleras del mundo, e incluso las de defensivos agrícolas, que en definitiva son las que traspasan la tranquera del productor, buscan nuevas tecnologías desarrollados por estas start up biotecnológicas.

Solo el rumor del ingreso de una de ellas al capital societario haría saltar por las nubes la cotización del ticket, o la posibilidad de que una tecnología se convierta en un hit agronómico.

En el mundo abundan los casos de compañías de este tipo adquiridas por las grandes multis en decenas de millones de dólares. De manera que solo es cuestión de innovar, entusiasmar y esperar.