El ojo de Grobo engorda Agrofina: cómo evolucionaron los números de la química desde que la compró

Por Javier Preciado Patiño

Si Floyd Mayweather es el MoneyMaker del boxeo mundial, Gustavo Grobocopatel lo es del agronegocio local. Se hizo su fama sembrando miles y miles de hectáreas, y monetizando con su relato de la agricultura en red cuanta nota se le publicaba. Así, con una serie de contratos de arrendamiento sobre su escritorio como principal capital, se ganó el mote del Rey de la Soja local, con más beneficios que costos si se lo mira en perspectiva.

Y cuando la tortilla se dio vuelta no dudó en liquidar esos contratos y pasar a otro tipo de negocio, a uno que siguiera maximizando el beneficio por peso invertido. Fue bueno mientras duró.

Así, en 2013 compró la fábrica de agroquímicos de Zárate, Ipesa, en ese momento en manos de un fondo de inversión internacional que le había cambiado el nombre a Agrofina. Ahora ya se puede decir que es Agrogorda, porque los números que exhibe su balance son fuertes. Veamos.

1.- La facturación, que en 2013 había sido de $368 millones, para el 31 de diciembre de 2014 había trepado a $955 millones.

2.- Claro, hubo más ventas, pero también más crédito al circuito comercial. Las cuentas por cobrar saltaron de $256 a $634 millones en el ínterin. Igual, la cuenta final es más que buena: las ganancias pasaron de $24 a 51 millones.

3.- Evidentemente este crecimiento en las ventas implicó, como contrapartida un fuerte apalancamiento en el circuito de capitales y su pasivo corriente se elevó de 487 a 917 millones de un año para el otro.

4.- A agosto del corriente año, el BCRA marca una deuda bancaria de $487 millones, todo en situación óptima de cumplimiento, de la cual el 25% se encontraba tomada con el banco Provincia (al fin y al cabo en la provincia es donde tiene sus principales inversiones: además de Agrofina, el molino Cánepa, sus headquarters de Carlos Casares, el molino de Bahía Blanca, etc.), otro 20% con el Banco Itaú, 12% con el HSBC y 9% con el Ciudad.

5.- Una herramienta a las que vienen recurriendo muy fuerte son las obligaciones negociables, con una última autorización por hasta 60 millones de dólares, que se suman a los fideicomisos financieros para apalancar el crédito a los clientes.