En ocho años se duplicó la incidencia del flete en el valor del maíz y la soja

Por Javier Preciado Patiño

Días atrás tuve la oportunidad de compartir una exposición en la reunión sobre Actualidad Tributaria en los Agronegocios, organizada por la consultora KPMG.

Allí mostré la coyuntura para la agricultura extensiva, particularmente en lo que refiere a la soja y el maíz, cuyos márgenes en campo propio se encuentran bastante ajustados, especialmente en el caso del cereal.

Y aquí viene la cuestión de los gastos de comercialización, que horadan sensiblemente el valor de los granos. En el caso de un margen bruto real, de un productor de la zona de Alberti / Nueve de Julio, para un precio del maíz de 125 dólares, estos gastos representan el 33%, es decir que en el mejor de los casos al productor le quedan 84 dólares por tonelada y eso que el descuento por flete a puerto “solo” es por 200 kilómetros.

En este fenómeno concurren tres factores: el precio del grano, el tipo de cambio y la evolución de los costos en pesos. De 2008  a 2015, la tarifa CATAC se multiplicó por un factor de 4,6. Si tomamos una distancia de 400 km, en valores reales pasó de $91,65 a $423,17. En el ínterin, el valor FAS teórico que da el Minagri creció 2,8 veces.

En gráfico adjunto vemos que en 2008, el flete (400 km) representaba el 24% del valor del maíz y el 12% del de la soja. Para 2015 esa relación había pasado a 40 y 22% respectivamente. Como se observa, la escalada arranca en 2011, cuando la inflación se acelera y el tipo de cambio comienza a retrasarse. Por otra parte, si consideramos que en el caso del maíz, el valor a productor está por debajo incluso del FAS teórico, la relación es todavía peor.

Sin dudas este será un tema que tendrá que resolver el gobierno que tome los destinos del país a partir del 10 de diciembre y que, considerando que el precio de los granos no es algo manejable, pasará o bien por el tipo de cambio, o bien por el tema de derechos de exportación (mejoraría el FAS teórico), la lucha contra la inflación, o algún tipo de herramienta que compense el impacto del flete más allá de cierta distancia, aunque esta última posibilidad siempre ha despertado rechazo en los sectores más liberales de la cadena de valor.