La biotecnología argentina cantó 33 de mano y vamos por más

 

Por Javier Preciado Patiño

Este lunes 5 de octubre, la Presidenta de la Nación anunció la liberación comercial de dos nuevos eventos biotecnológicos, la soja tolerante a sequía y la papa resistente al virus Y.

Hasta el presente se encontraban aprobados 31 eventos, lista que ahora se extiende a 33. Pero lo particular del anuncio radica en que se trata de dos desarrollos Made in Argentina. En el caso de la soja, a partir del trabajo de la Dra. Raquel Chan, de la UN del Litoral, que detecta el gen Hb4 en el girasol y su función en la capacidad del cultivo para resistir el estrés hídrico. Ese trabajo se continúa luego con la integración primero de Bioceres y luego del Conicet, que desemboca en el Indear, la sociedad anónima con sede en Rosario y que es símbolo de la frontera de conocimiento de nuestro país.

Ahora, este gen que ya se encuentra integrado al genoma no solo de la soja, sino también del trigo, el maíz y la alfalfa (sus respectivas liberaciones podrían estar en el transcurso de los próximos dos años). Bioceres acuerda primero con Arcadia Biosciences, una start up biotecnológica de los EE.UU. para comercializar la tecnología en el país del norte bajo la marca Verdeca y luego agregan a Dow AgroSciences, la gigante multinacional para expandir la tecnología.

No solo eso, trascendió que también existe un acuerdo con una compañía biotecnológica china para sumar Hb4 a otro gen de origen chino, lo cual facilitaría la desregulación en el primer importador de soja del mundo.

Respecto de la papa resistente al virus Y, se trata de un trabajo que lleva muchos años y que tiene al actual secretario de Gabinete del MINCyT, Alejandro Mentaberry, como uno de sus iniciadores. La fase comercial viene de la mano de Tecnoplant, una compañía del grupo Sidus, que tiene una amplia experiencia en biotecnología vegetal.

De lo que se trata es de un tremendo paso en materia de soberanía tecnológica. Hasta el presente, el panorama de la biotecnología estaba dominado por los desarrollos de las grandes compañías globales. Pero en los últimos años empezó a haber un cambio en el tablero. Por un lado aparecieron compañías pequeñas, lideradas por PhD en genética y bioquímica, para desarrollar eventos, no solo por la vía transgénica, sino también por la edición génica.

Por el otro aparecen los mismos complejos científicos públicos, solos o asociados con privados para el desarrollo de nuevas soluciones. Del otro lado de la frontera, Brasil desarrolló por sí mismo un poroto resistente al virus mosaico, con el trabajo del Embrapa (equivalente al INTA nuestro). Y con Basf lograron una soja resistente a las imidazolinonas.

Nadie puede decir que la Argentina hoy esté atrasada en materia de biotecnología. Ya son 33 los eventos desregulados. Como se ve en el siguiente gráfico, hubo una primera oleada, cuando Felipe Solá estaba al frente de la secretaría de Agricultura y liberó la soja RR y el maíz Bt. Después vino el interludio del tándem De la Rúa / Duhalde, sin aprobaciones, hasta que se retoman en el gobierno de Néstor. Pero cuando la biotecnología “explota” es cuando se crea el ministerio de Agricultura, y asume Julián Domínguez, con Lorenzo Basso como secretario.

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Por otro lado, la Argentina está haciendo un trabajo fuertísimo para la desregulación de tecnologías en China. Lo hizo con la Intacta de Monsanto, y ahora sigue con Enlist de Dow, y atrás vienen los eventos de Bayer, más otros nuevos de Monsanto y por supuesto, el Hb4 de Bioceres.

Asimismo se fortaleció el área de biotecnología, con Martín Lema al frente, se creó una normativa de ultra avanzada para ver qué tecnología encuadra en la de OGM’s y cuál no, la Conabia se convirtió en centro de referencia de la FAO, se llevó a consulta pública la aprobación de los nuevos eventos y se reguló la convocatoria a integrar la comisión nacional asesora en biotecnología.

No es poco lo que se hizo y mucho más lo que se puede hacer.