Trazas de plaguicidas en las frutas y hortalizas

Universidad, ambientalismo y pesticidas: Al final, lo que te mata son las verduras

Por Javier Preciado Patiño

El estudio llevado adelante por el Espacio Multidisciplinario de Interacción Socio Ambiental de la UN de La Plata resultó ser un torpedo que se incrusta bajo la línea del flotación del discurso ambientalista anti soja, anti glifosato y anti Monsanto.

Trazas de plaguicidas en las frutas y hortalizas

Trazas de plaguicidas en las frutas y hortalizas

¿Por qué afirmo esto?

a) Porque en donde aparecen las trazas o residuos de los plaguicidas son en las frutas y hortalizas que, en líneas generales, proviene del sistema de agricultura intensiva periurbano y no del denostado “agronegocio” de la pampa húmeda.

b) Porque lo que más aparece son residuos de insecticidas, luego de fungicidas y por último, recién por último un herbicida. ¿Cual? La atrazina.

Veamos algunas cuestiones. Este colectivo académico trabajó sobre muestras de frutas, hortalizas y verduras de hoja provenientes del Banco Alimentario que opera en la capital bonaerense, donde encontró que más del 80% contenía residuos de, al menos, un pesticida. Endosulfán (retirado ya de circulación por el Senasa) y clorpirifós fueron los residuos más frecuentes.

Sin embargo, solo el 8% de las muestras superaba los límites considerados peligrosos, que establecen las autoridades sanitarias. Dicho de otro modo: el 92% de las muestras se encontraba dentro de lo autorizado para su comercialización. También señalan los distintos artículos de divulgación del trabajo que se encontró residuos de plaguicidas no autorizados para ese cultivo.

Aunque el grupo responsable del trabajo tiene un perfil poco amigable con la agricultura de escala, las conclusiones del trabajo son más que evidentes. Para la salud humana el peligro más inminente no está en la fumigación a campo mal efectuada sino en la falta de control de los productos que llegan directo a la mesa de los argentinos.

¿Dónde está el Estado que controla la venta y aplicación de pesticidas en las chacras hortícolas? ¿O quién muestrea los envíos a las verdulerías y supermercados para decomisar la mercadería que contiene residuos más allá de lo permitido?

En una reciente entrevista con el secretario de Agricultura Familiar, Emilio Pérsico, este relataba que en los tiempos en que era productor de tomate y enviaba al Mercado Central, la mercadería que entraba era sorteada para su análisis de laboratorio y si se detectaban irregularidades era automáticamente decomisada. Pérsico decía que por miedo a perder la mercadería, los productores eran más que cuidadosos en cómo aplicaban los pesticidas o, incluso, el lavado de las verduras para evitar contaminantes biológicos como la E. coli.

Sin embargo, continuaba, la desregulación del comercio alimentario en los 90 llevó a que de la chacra al supermercado o a la verdulería haya un tubo directo sin control alguno del Estado.

De esta manera el discurso anti glifosato se cae como un piano. El sujeto a controlar ya no es una multinacional, ni el pool de siembra sojero, sino la agricultura familiar periurbana y su cadena de comercialización. Los pesticidas más peligrosos se encuentran prohibidos (como el DDT o el endosulfán), con lo cual su presencia habla de un comercio ilegal y de una aplicación también descontrolada.

Es que no debe haber una producción más regulada y controlada en la Argentina que la agricultura extensiva. Las compañías proveedoras de fitosanitarios se encuentra altamente monitoreadas por las autoridades regulatorias, al tiempo que hay una enorme cantidad de ingenieros agrónomos que exponen su título en la responsabilidad de cómo se aplican esos productos. Por otra parte la industria alimenticia, también sumamente monitoreada, establece pruebas de laboratorios y estándares cualitativos cada vez más exigentes. Y las organizaciones técnicas y profesionales promueven permanentemente la adopción de prácticas correctas.

Si bien es cierto que puede haber malas praxis en el manejo de los pesticidas en la agricultura extensiva, las posibilidades de control son muchísimo más altas que en la agricultura intensiva hortícola.

Deberíamos agradecerle a este grupo multidisciplinario de la UN de La Plata haber ayudado a esclarecer en donde está el verdadero peligro para la salud de los argentinos.